Las aguas termales han sido utilizadas históricamente como recurso complementario para determinadas patologías. Más allá de su dimensión recreativa, el termalismo se apoya en las propiedades químicas de las aguas mineromedicinales (en nuestro caso, sulfuradas cloruradas sódicas, bicarbonatadas y alcalinas), así como en los efectos positivos del calor sobre el organismo. Hoy te contamos en qué casos está especialmente recomendado visitarnos para mejorar nuestra salud y bienestar.
Uno de los principales ámbitos de aplicación es el de las afecciones del aparato locomotor. Patologías como la artrosis, los dolores articulares crónicos, las contracturas musculares o las sobrecargas físicas pueden beneficiarse del uso de aguas termales. El calor favorece la relajación muscular, mejora la elasticidad de los tejidos y contribuye a disminuir la rigidez y el dolor, especialmente en fases no agudas de estas afecciones.
Los balnearios también están indicados en casos de estrés, fatiga mental y alteraciones leves del sistema nervioso. La combinación de baños termales, reposo y desconexión del entorno habitual puede ayudar a reducir la tensión acumulada y mejorar la calidad del sueño. Estos beneficios resultan especialmente relevantes en contextos de estrés prolongado o sobrecarga laboral.
En el ámbito dermatológico, determinadas aguas mineromedicinales, como es el caso de las nuestras, se utilizan como complemento en el tratamiento de enfermedades de la piel. Afecciones como la psoriasis, la dermatitis o los eccemas pueden experimentar mejoría gracias a la acción de minerales específicos presentes en el agua, siempre bajo supervisión profesional. Estas aplicaciones contribuyen a aliviar síntomas como el picor, la inflamación o la sequedad cutánea.
Otra indicación frecuente se da en procesos de convalecencia. Por ejemplo, tras intervenciones quirúrgicas, enfermedades prolongadas o periodos de inactividad, ya que puede favorecer la recuperación general, mejorar la circulación y ayudar a restablecer la movilidad de forma progresiva. En estos casos, el objetivo principal es apoyar la recuperación funcional y el bienestar general.
Asimismo, los balnearios pueden desempeñar un papel relevante en la prevención. Personas con tendencia a dolores musculares recurrentes, problemas articulares leves o altos niveles de estrés pueden beneficiarse de estancias periódicas como medida preventiva, contribuyendo a reducir la aparición o intensidad de futuras molestias.
Sin embargo, el baño en aguas termales se recomienda en todos los casos. Puede estar contraindicado para procesos infecciosos agudos, determinadas enfermedades cardiovasculares no controladas o estados febriles. Por ello, se recomienda una valoración médica previa cuando existen patologías relevantes o dudas sobre su uso.
Las aguas termales se recomiendan para aquellos usuarios con procesos reumatológicos, afecciones de la piel, para procesos de recuperación, son apropiadas para el estrés y, en definitiva, se recomiendan para todo aquel que quiera cuidarse y mimarse tanto por fuera como por dentro. Aunque, eso sí, debemos recordar que son un complemento, nunca un tratamiento.

