Desde 2011, cada 24 de julio se celebra el Día Mundial de Autocuidado para concienciar sobre la importancia de cuidar de nuestra salud todos los días del año. La fecha, promovida por la Federación Global del Autocuidado (GSCF), trata de enfocarse en el cuidado a uno mismo, desde la salud física a la emocional y mental, para tratar de prevenir cualquier tipo de enfermedad o malestar psíquico o físico.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el autocuidado como la capacidad de las personas, familias y comunidades para promover y mantener la salud y para prevenir enfermedades y hacerles frente con o sin el apoyo de un trabajador de la salud o asistencial.
La entidad mundial diferencia entre intervenciones y medidas de autocuidado. Por un lado, se enmarcarían los medicamentos, dispositivos, métodos de diagnóstico y herramientas digitales. Y, de otra banda, se situarían las prácticas, hábitos y elecciones en relación con el estilo de vida.
Los tipos de autocuidado
El bienestar incluye diversos ámbitos de nuestra vida, por lo que su cuidado también se puede interpretar desde diferentes prismas. En primer lugar, se diferenciaría entre el individual y el colectivo. El primero hace referencia a las medidas adoptadas por uno mismo, como gestores de nuestra salud y, el segundo, define las acciones que son planeadas y desarrolladas en cooperación, entre los miembros de una comunidad, familia o grupo, quienes construyen un espacio físico y social, afectivo y solidario.
Más allá de esta separación entre individual y colectivo, también se puede encontrar una clasificación que hace referencia a las diversas dimensiones del ser humano, visibilizando desde las necesidades físicas hasta las cognitivas, sociales o espirituales.
- Autocuidado físico. El autocuidado físico es el conjunto de acciones que una persona realiza para mantener y mejorar su salud corporal. Involucra hábitos y prácticas que ayudan a prevenir enfermedades, aumentar la energía y promover el bienestar general del cuerpo. En esta categoría se podría encajar desde una alimentación equilibrada o la práctica de ejercicio pero también la visita a un balneario para cuidar de nuestro cuerpo.
- Autocuidado emocional. El autocuidado emocional es la capacidad de una persona para reconocer, entender y manejar sus emociones de manera saludable. Implica atender nuestras necesidades afectivas, protegernos del estrés y fortalecer nuestra salud mental. Un buen ejemplo sería hablar de nuestras emociones pero también realizar actividades que nos relajen.
- Autocuidado cognitivo. El autocuidado cognitivo es el conjunto de acciones que realizamos para mantener y fortalecer nuestras capacidades mentales, como la memoria, la concentración, la creatividad y el pensamiento crítico. También incluye evitar el agotamiento mental y cuidar lo que consumimos a nivel intelectual. Por ejemplo, leer, aprender cosas nuevas o dormir bien.
- Autocuidado social. El autocuidado social es la práctica de cuidar nuestras relaciones con los demás y de crear un entorno social sano, respetuoso y de apoyo. Involucra tanto rodearse de personas que nos hagan bien como también desarrollar habilidades para convivir, comunicarnos y poner límites. Por ejemplo, pasar tiempo con personas que nos hacen sentir bien pero también saber decir no a planes que no nos apetecen.
- Autocuidado espiritual. El autocuidado espiritual es el proceso de conectar con uno mismo, con los valores personales, con un propósito de vida o con algo más grande (como la naturaleza, la fe o la espiritualidad), para encontrar paz interior, equilibrio y sentido en lo que vivimos.
En definitiva, debemos desterrar la idea equivocada de que el autocuidado es un acto egoísta. El autocuidado es asumir responsabilidad por la salud y ejercer el derecho a conservarla, lo que implica esforzarse por estar bien para uno mismo ya que es el primer paso para poder cuidar también de los demás. Así que, si te apetece mimarte y cuidarte, por fuera y por dentro, te esperamos en el Balneario Baños da Brea.

